40 años de locura

Hace cuatro décadas que a mi padre se le ocurrió abrir en Terrassa la primera tienda dedicada a la venta exclusivamente de congelados. Esa aventura me marcó y aún siento la empresa un poco mía, pero lo más importante es que sus nietos también la ven con admiración y orgullo, porque La Sirena sigue siendo una marca líder que afronta el futuro pisando fuerte.

¡El Cernuda está loco!

Esta frase la escuché por los pasillos de mi escuela en Terrassa hace justo 40 años. Yo era una niña de E.G.B. Tengo ese recuerdo, esa imagen y esa frase grabados en mi disco duro. La locura de mi padre, de mis padres, fue abrir una tienda única y exclusivamente de alimentos congelados por primera vez en España hace ahora justo 40 años.

Haber nacido en una familia emprendedora y empresaria, me ha marcado, a mí y a mis dos hermanos. Recuerdo de pequeños en las pescaderías, molestar, más que ayudar,  a mis padres. Entendiendo de donde salía todo y ver lo sacrificado que era llegar a fin de mes y poder darnos una buena educación. Mis padres priorizaron siempre la buena educación y la salud. No nos compraban ropa cara ni hacíamos vacaciones, pero ir a una buena escuela y tener una buena cobertura de salud, era primordial.  La cultura del esfuerzo era una lección de vida para que viéramos que el dinero no cae de la palmera. Que todo cuesta y que todo vale algo. En ese momento no lo veíamos, evidentemente. Me acuerdo de tener mi punto rebelde, por no decir imbécil,  y cuestionarle a mi padre por qué mis amigas iban a esquiar y a la Costa Brava y nosotros no… Mi padre, Josep, me decía, tú diles que tienes un palacio en Asturias. Lo grave es que yo lo decía y, a mis 14 años, cuando fuimos a Muñas de Arriba (Luarca), vi que de palacio, no tenía nada.

Ese mismo año, 1983, se terminó la dictadura argentina y Raúl Alfonsín consolidó la democracia; en la base Vostok de la Antártida se registró la temperatura más baja de la historia; -89,2ºC;  murió el cineasta Luis Buñuel; se inventó el Compact Disc que desbancaría al vinilo; Microsoft sacó el sistema Windows; se estrenó la película Scarface y nació la banda de música Red Hot Chilliy Peppers, entre otras efemérides.

Hechos, algunos, considerados locuras en cada uno de sus entornos y contextos. ¿Irá de eso la emprendeduría? ¿Irá de ver las cosas desde otro sitio? ¿Irá de cuestionar el statu quo y de atreverse a crear una propuesta distinta? ¿Irá de hacer oídos sordos a lo que digan los demás?

Si miro por el retrovisor de esos 40 años, veo una marca que ha surfeado muchas olas y tendencias, y sigue siendo la misma. Una marca que dejó de ser una empresa familiar. Mi padre murió demasiado joven. Un cáncer de laringe, esófago y pulmón lo destruyó en 18 meses. Un año y medio que me regaló la vida para poder conocerlo mejor desde el frágil silencio de una habitación de hospital con un gran ventanal desde donde le relataba la vida. Cartas manuscritas eran nuestra voz. Nunca me comuniqué tan íntimamente con nadie como en esos meses de miradas profundas largas y serenas y de silencios llenos de vida. Guardo algunas de esas hojas. Su trazo nunca lo olvidaré. Hoy, 16 de mayo, habría cumplido 84 años.

Mis hermanos y los socios que teníamos en La Sirena buscamos compañeros de viaje, una decisión que al final nos llevó a vender la empresa con 17 años de vida. Algún día escribiré la historia de La Sirena. ¡Mi versión de la historia, claro! Escribir es una forma de entender y de explicarse.

Yo solo soy la hija del fundador, de los fundadores. Mi madre ha estado siempre en la sombra, nunca se ha identificado con la marca. De hecho,  muchos efectos coyunturales que tienen las empresas familiares son rupturas, divorcios, hijos desatendidos, adolescencias complicadas, desigualdades familiares. En nuestro caso, la empresa, podríamos decir que se cargó la familia. La familia convencional. Mis padres fueron pioneros hasta para esto. Se divorciaron en 1988. No fue fácil crecer en plena adolescencia con unos padres separados, una empresa emergente, un descubrirte a ti misma con las hormonas descontroladas y trabajando y estudiando a la vez. En esa época tuve mi primer novio en Terrassa — Jordi, heavy metal, guapísimo— tardé un año en decirle que mis padres se habían separado… está claro que la separación me afectó.

Nací entre la exigencia y la aventura de crear algo de cero que no existía y que requería ganas, locura y determinación. Así he crecido y vivido. Tiene lo bueno y lo malo. Nuestro caso no fue el de una familia consentida por los éxitos empresariales. De hecho, cuando podrían haber disfrutado de ellos;  mi padre enfermó y murió. Era el 15 aniversario de la empresa. Después, mis hermanos y yo, junto con la socia de mi padre, aguantamos unos años más y, finamente, vendimos. Larga historia, decisiones complejas, lecciones de vida de negociación y de empatía. A los 28 años la vida me dio un doctorado, en gestión de las emociones, en mirar a los ojos sin miedo y en tener principios. Aprendí que la empresa  puede ser muy sucia y que, a rey muerto, rey puesto. Aprendí que la vida va en serio.

Nací entre la exigencia y la aventura de crear algo de cero que no existía y que requería ganas, locura y determinación. Así he crecido y vivido. Tiene lo bueno y lo malo. Nuestro caso no fue el de una familia consentida por los éxitos empresariales.

La Sirena es la marca líder de alimentos congelados en España, sigue siéndolo 40 años después. Hace 20 años que ya no estoy en la parte ejecutiva ni accionarial y que “solo” soy clienta de la marca. Y en ese rol de clienta es donde entra la tercera generación. Mis hijos y mis sobrinas, que nunca conocieron al avi Josep y que nunca vivieron lo que es ser parte de una empresa familiar. Por eso, yo les he hablado de cómo se creó la empresa, de como una idea loca con constancia y sacrificio se puede convertir en algo grande. Así recuerdo que mi hijo Max, de pequeño, cuando fuimos a comprar a nuestra Sirena más cercana en Barcelona, le dijo a la dependienta que su abuelo creó esa tienda, desde su inocencia y fascinación… Se lo cuento ahora, en su adolescencia, y se ríe avergonzado.

Claudia, Marina, Gala y Max son esa tercera generación que siente la empresa con cierta admiración, orgullo y nostalgia. He tenido  conversaciones íntimas, tiernas y memorables con cada uno de ellos, y veo como de alguna manera, ese espíritu aventurero, valiente, emprendedor, de sacrificio y trabajo duro, de creer en tus locuras y de hacer las cosas bien, ha hecho mella. Resaltan la valentía que tuvo Josep (Pepín en Asturias) de venir solo, con solo 14 años —la edad de uno de ellos—, desde Asturias a Catalunya en un tren sin hablar catalán y empezar una nueva vida. Ven con cierto romanticismo la fuerza de ser parte de una empresa familiar, que ellos no han vivido. La Sirena forma parte de nuestra familia, está claro, por eso quería invitar a la tercera generación a hablar de algo que no han compartido, pero está en sus genes. Es como el invitado invisible; invitada, en este caso. No presumen de ser las nietas del fundador, pero están orgullosas de lo que su abuelo creó y, me confiesan, que si todavía fuera nuestra les gustaría trabajar en ella. 

La Sirena forma parte de nuestra familia, está claro, por eso quería invitar a la tercera generación a hablar de algo que no han compartido, pero está en sus genes

Me apasiona la publicidad, la construcción de marcas, el activismo en crear marcas con mirada de género y cuestionar el statu quo. Así se creó Congelats La Sirena hace 40 años; cuestionando el statu quo. Sigo mirando por ese retrovisor y veo distintas formas de disfrutar de una empresa. Pasó de ser una empresa familiar, a ser una multinacional participada por un fondo de capital riesgo basado en Londres y, desde hace casi dos años, es propiedad de un solo empresario. Un ejecutivo catalán.

Supongo que haberla vivido desde su embrión y haber creado la marca en sus primeros años de vida hace que me la sienta un poco mía. Creé y dirigí el departamento de comunicación durante 7 años. Apasionante. Tengo la sensación de que el negocio no ha cambiado tanto; que la calidad, que era lo más importante en sus años de inicio, lo sigue siendo ahora. Que  el buen trato al personal y a la clientela, sigan siendo los valores que rigen la empresa. Claro, eso es lo que me gustaría a mí, y a mi padre, seguro. Ya han pasado 40 años de esa locura. Ahora esa sirena es una mujer madura, poderosa, en la flor de la vida. Mirando de cara al mundo y pisando fuerte. De eso se trata, de pisar fuerte haciendo las cosas bien.

Ya han pasado 40 años de esa locura. Ahora esa sirena es una mujer madura, poderosa, en la flor de la vida. Mirando de cara al mundo y pisando fuerte. De eso se trata, de pisar fuerte haciendo las cosas bien

Me viene a la cabeza mi padre, llamándome a su despacho y diciéndome, no te quedes aquí si este no es tu sueño. Gemma, sal y crea el tuyo, el que sea… ve a por él. El Cernuda ya intuía en mí un alma libre,  y con poca tolerancia a los jefes. Tenía razón. En ese momento me parecía de una enorme valentía y generosidad decirme que volara, nada convencional en ese momento en las empresas familiares. Otra de sus locuras, probablemente.

Este 2023 también cumplen 40 años empresas y marcas como Televisió de Catalunya, Ediciones Urano o Catalunya Ràdio. En ese mismo año, 1983,  salieron grandes hits como, Let’s dance, La dolce vita, Every breath you take, You can’t harry love y, como no, Cada loco con su tema del maestro Serrat.

¡Feliz cumpleaños a esa locura que cumple hoy 40 años! Bendita locura.

 

Articulo de Gemma Cernuda publicado en Thenewbarcelonapost.com

 

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